2 de diciembre de 2007

La "pela" de duraznos en Carén

¿Quién no estuvo, al menos una vez, en una pela de duraznos? La más grande que yo recuerdo fue en la casa de los Oro, y la ruma era, ciertamente, mucho, mucho más alta que yo. Claro que, como yo no pasaba de los 12 años, mi participación no debe haber llegado más allá de pelar una docena de duraznos, comerme 2 o 3 y luego irme, aburrido ya de una actividad tan repetitiva, y de una conversación tan poco atrayente para un niño, como eran los “pelambres” de las peladoras. Recuerdo también otra pela, que me sorprendió por su “alta tecnología”. Era una pela “moderna”, que prescindía del concurso de las peladoras, reemplazadas por una maquinaria –ahora que lo pienso- un tanto artesanal. Fue en la Hacienda de Carén, en los tiempos en que estuve en casa de Hugo Bórquez, quien por ese entonces trabajaba para la Hacienda, y vivía en una de esas casitas del alto, junto al camino. La máquina funcionaba así: Se vaciaban los canastos de duraznos, uno a uno, en un canasto de alambre, el que se sumergía en una enorme olla , en la que hervía la soda; se dejaba un par de minutos y luego se sacaba, para vaciar la fruta en un cilindro de alambre -una suerte de tómbola- que hacían girar un par de trabajadores, mientras recibía un chorro de agua fría, dirigida desde el canal por canaletas de madera. El agua lavaba la soda, y el alambre quitaba la cáscara quemada por ésta. Cuando los duraznos ya se veían pelados –cosa de unos minutos- se detenía el cilindro, se abría la portezuela y se vaciaban en un canasto, para ser llevados a las cámaras de azufrado, que –a diferencia de aquellas artesanales construidas con un tambor y un orificio en tierra, que estábamos acostumbrados a ver en Carén- estaban construidas de barro, y permitían albergar (no recuerdo bien si seis o nueve) mayor número de canastos. Bueno, y ahí se terminaban las innovaciones, ya que una vez azufrados, los futuros huesillos y descarozados eran vaciados sobre las típicas ramadas, para que se secaran bajo el siempre fuerte sol de esa tierra. No se me ocurrió, y me arrepiento, haber pedido permiso para entrar, ahora que estuve ahí, a las puertas de la hacienda, para fotografiar lo que sea que quede de esa maquinaria. Me desanimó ver los edificios derruidos, y su aspecto de total abandono.

…………………………………………………… A propósito de la pela de duraznos, Don Yolo me refirió una historia de la que dizque fue protagonista con nuestro papá y el tío Riggo, que eran de su edad y compañeros de correrías: Refiere que estaba una tarde, pasada la puesta del sol, sentado a la puerta de su casa, cuando los vio pasar hacia Palermo. Al preguntarles hacia dónde iban, ellos le dijeron que hacia Pulpica. - ¿Pulpica a esta hora? se preguntó. Y puesto que por ese entonces (como aún ahora) en Pulpica no había nada que pudiera atraer a un joven, no les creyó. Y les dijo que los acompañaba. Decir esto y notar la incomodidad de los otros fue una sola cosa, por lo que se convenció que le estaban mintiendo, y supuso que, como en Palermo tenía mi abuelo sus famosos parrones de uva Italia, iban éstos a comer de ellas, y no querían invitarlo. Así es que ya nadie podía impedir que los acompañara (a él le gustaban mucho esas uvas). Bueno, se fueron los tres. Al pasar por Palermo, para su sorpresa, no se detuvieron, sino que siguieron camino pa’ arriba. - Entonces pensó: "Ah, éstos quieren hacerme creer que van a Pulpica, y por eso siguieron de largo, a ver si yo me devuelvo al pueblo. Pero los voy a seguir nomás, a mí no me van a hacer leso." Y siguieron el camino, hasta que llegaron al callejón que lleva al puente para Pulpica. Ahí Don Yolo no aguantó más, y les preguntó a dónde iban, de nuevo. Y ahí mi papá y el tío se miraron, y decidieron contarle que en realidad iban hasta Pulpica, a la casa de unas niñas que allí había, y las que habían prometido enseñarles a bailar, ya que había a la siguiente semana un baile en Carén, y no querían quedar mal. Obvio que esto era en secreto, no era cosa de andar diciendo que necesitaban clases de baile. Y don Yolo, que ya estaba ahí, decidió que tampoco le vendrían mal unas clases. Así es que llegados a la casa, llamaron a voces, y salieron las niñas a recibirlos (que eran tres). Los hicieron pasar y se los presentaron a la mamá, explicándoles a qué iban. La señora, entonces, se mostró muy de acuerdo en que les dieran clases, pero… lamentablemente la única pieza de la casa en que podrían practicar tenía en medio una ruma de duraznos que tenían que pelar al día siguiente. Así es que si querían practicar el baile… Y bueno, haciéndose a la idea, quieras que no, tuvieron que tomar cada uno un cuchillo y una silla y acercarse a la pila… Pasadas ya varias horas, y con las manos adoloridas de tanto pelar, acabaron al fin con todos los duraznos. Sacaron los canastos llenos afuera, despejaron la improvisada pista, le dieron cuerda a la victrola, y comenzaron las clases. Dice don Yolo que a mi papá le tocó en suerte la más grande de las hermanas, que era además bastante alta (“una grandota”, en sus palabras), y la que con más entusiasmo bailaba. Pasadas un par de horas, ya don Yolo se había quedado junto a la victrola y ya nadie podía moverlo de ahí, pues no daba más. Lo mismo pasó con el tío, de manera que mi papá era el único que seguía bailando… Lo gracioso del caso es que la niña esperaba que él quisiera detenerse, y él no lo hacía pensando en que ella quería seguir bailando, y por no ser descortés… hasta que finalmente se vio obligado a “rendirse”, y ahí vino a saber que hacía mucho rato que ella quería –como sus hermanas- dejar las clasecitas de una vez… Moraleja: Cuando tus amigos te digan que van a Pulpica, no vayas, aunque luego sepas que se comieron todas las uvas Italia…

[ nota: se recibe todo tipo de comentarios y/o correcciones. Tal vez alguno conozca otra versión, aunque jamás le escuché esta historia al papá. ]

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo sabia esta historia del papá con don Yolo, pero no con el tio Rigo sino con otra persona que no me acuerdo el nombre. Me la estuvo contando un dia y era bastante larga...

Kena

Anónimo dijo...

Para entender mejor la historia, en el cerro al frente del pueblo (Carén) existe un caserío y para llegar a él se debe caminar un buen trecho y cruzar el río. Salvo unas pocas casas no hay nada más por lo que sonaba muy ilógico decir "voy a Pulpica". Como en Carén los duraznos no soy muy ricos era tradición convertirlos en huesillos y obtener mejor precio por ellos, motivo por el cual se acostumbraba pelarlos "pelando" (actualización de las noticias del pueblo).
Además, al calor de un brasero se acostumbraba tomar mate y como el pueblo no tenía luz, (obvio sin televisión) entonces era una actividad social importante la pela de los duraznos.
Se usaba también para contar "espeluznantes" historias de susto sobretodo cuando había niños o preadolescentes como público.
tito

Don Pato dijo...

He estado esperando varios días para comentar algo, pero como veo una escasa retroalimentación al respecto, me lanzo a la piscina así sin más.
Creo que el esfuerzo de Rodrigo en contarnos extensamente las historias de "La Pela" y el cuento aquel de las niñas de Pulpica merecían más intervenciones del clan Castillo Tapia los cuales deben tener más antecedentes que agregar sobretodo porque según recuerdo ustedes fueron a pasar sus vacaciones de verano varios años seguidos a Carén. Mis memorias se reducen solamente a la primera vez cuando tenía 5 años, la segunda cuando fuí un verano con la Adriana a los 11 años (creo)
y bueno, la tercera vez, ya mas adulto cuando llevé al tío Lucho y recorrimos algunos lugares emblemáticos, pero no todos los que hubiese querido ya que estuvimos allí apenas unas cinco horas.
Es probable que cuando chico haya estado en una pela de duraznos, pero no tengo recuerdos de aquello. Ya más grande recuerdo haber visto como hacían mote y también el proceso de hacer descarozados.
Rodrigo, cuéntame de la relación que tenías con los Oro y su casa en Carén.
También me interesa aquello de tu amistad con Hugo Bórquez, ya que has de saber que yo tengo un primo llamado Jaime Bórquez Acuña, hijo de mi tío Pedro Bórquez Alfaro natural de la localidad de Huilmo, en las cercanías del valle de Guatulame. Por la información que yo tengo el tío Pedro Bórquez era gran amigo del Gero y partner en correrías y guitarreos por toda la comarca de Carén y alrededores. Pienso que por la edad es muy probable que don Reca lo haya conocido también.

La historia de las niñas de Pulpica y sus clases de baile es entretenida, claro que yo me pierdo su poco ya que no tengo registros de don Yolo y del tío Riggo...
En fin, valioso tu empeño Rodrigo y trata seguir en la misma cuerda.

Anónimo dijo...

Pato:
según he escuchado, don Pedro Oro fue trabajador de la familia Christiansen, sin embargo con el tiempo apareció con un buen poco de plata.
Dentro de lo que recuerdo, en los tiempos que no había electricidad los Oro eran los únicos que tenían luz por una turbina hidroeléctrica que funcionaba unas tres horas cada noche en Palermo. El almacén más grande del pueblo era de su propiedad. Habitualmente nos compraban ahí chupallas y alpargatas. Uno de los hijos lleva también el nombre de Pedro Oro y es el papá de algunos personajes nombrados en el blog como el Toño, la Cecilia y la Juana, quienes eran vecinos de la propiedad de los abuelos en Palermo (por ambos lados) por lo cual se les conoció desde que eran bebés.
El Hugo Bórquez era hijo natural por lo que llevaba el apellido de su mamá, falleció hace años y debería tener alrededor de unos 55 años. El trabajó muchos años para Pedro Oro hijo, por lo cual cada año lo veíamos y compartíamos con él. También conocimos a sus hermanastras de apellido Medalla Bórquez. Nunca lo oí hablar de sus parientes.

CeciliaCastillo dijo...

Don Pedro Oro era una persona de escasísimos escrúpulos y cero conciencia. Difícil fue para mi el golpe de comunismo que recibí al conocer los procederes de este individuo cuando tenía yo 12 años, pero bastante madurez porque estaba en segundo de humanidades.
Pude observar y escuchar como era que en invierno, los comuneros no tenían qué comer ya que por las heladas no siempre había cosecha y se acercaban AL almacén del pueblo a pedir fiado a don Pedro "a cuenta de la cosecha del próximo año" la que era pagada a precio de huevo. Así, se iban endeudando de tal manera que Oro se quedaba finalmente con hijuelas de los deudores.
Le deseo de todo corazón que tenga mucho calor en este momento.

Respecto de la "pela" prefiero no pronunciarme porque sólo serían quejas. Yo no conocí el Carén de paraíso que relatan mis hermanos.
No me estoy quejando, sólo reporto...

El tío Rigo y el tío Raúl son Tapia Castillo y primos hermanos de los Castillo Órdenes. Muy amigos del tío Jero y de Don Reca además de compañeros de aventuras.Se querían mucho y recordaban con gran cariño sus infancias y juventudes entrelazadas.