25 de febrero de 2008

De Calama a Calana


Leí una vez que un viaje al extranjero es una experiencia provechosa y muy educativa. Estoy seguro que el escritor inglés que dijo tal cosa tenía en vista algo distinto, pero decidí hacerle caso y rumbeando al norte me dí una vuelta por Tacna, que es el límite mismo de mi radio de acción (1). Por supuesto que aunque aún no dejo de criar hijos, además estoy criando nietos, así es que el viaje se realizó con el pasaje completo.

Haciendo caso omiso de las advertencias acerca de viajar en auto particular, decidimos tomar el riesgo. No fue tal, no tuvimos problemas, claro que la principal razón es que el auto lo dejamos en el hotel y nos movilizamos a pie o en taxi. ¿Razón?, no fue el temor a la policía (que fue con lo que nos asustaron) sino por el digamos desenvuelto estilo de conducir de los tacneños. Pero para pasear por los alrededores resultó muy cómodo. No hay buenas indicaciones me dijeron, claro, como si aquí hubiera muchas (2).

El centro de Tacna, como saben los que han ido, da la impresión que la mitad de la población está formada por oculistas y la otra mitad por dentistas, pero por lo demás es entretenido. Galerías comerciales para todos los gustos, también es increíble la cantidad de librerías que hay, practicamente me obligaron a traer algunos libros.

Hay cosas extrañas, como la ausencia de perros callejeros, eso llega a causar auténtica envidia, pero por la ley de las compensaciones a falta de ladridos están los bocinazos, los tacneños son expertos en tocar la bocina.

Como de pasear se trataba y no solo visitar las innumerables galerías comerciales, recorrimos el valle hasta llegar a Aguas Calientes, donde nos sumergimos en unas tibias aguas (3). Para comer, ni un problema, bueno y barato, salvo que se descubre rapidamente que lo que llaman plato para una persona puede alimentar a tres.

Cualquier Restaurant Campestre, por humilde que sea, ofrece piscina, gran invento para que los pergenios dejen almorzar tranquilos a los adultos, invaluable.

En suma, un agradable viaje. El tiempo que gastamos en los controles fronterizos, casi dos horas y media a la ida, hizo que pensara seriamente en devolverme (4), pero al regreso no fueron más de quince minutos y eso fue hasta grato. Hay que averiguar bien cuales son las horas punta, puesto que llegan a ser entre 6 y 9 mil personas las que pasan diariamente. Encontré increíble que a pesar de ese flujo de personas el personal atiende bien.

(1) Es la distancia máxima a la que puede llegar una persona, para desde ese punto tener, todavía, el dinero necesario para darse la vuelta y volver al punto de partida, sin consumir las reservas (que ya se han consumido antes).

(2) Recuerdo que una vez crucé tres veces la misma línea del tren tratando de salir de Antofagasta...

(3) Tibias tenían que ser, de otro modo no me meto.

(4) Dos horas veinticinco, faltaron cinco minutos para el plazo fatal que puse, estoy demasiado viejo para eso.

7 comentarios:

CeciliaCastillo dijo...

Qué bueno, hermano, lindo viaje. Completamente envidiable (en el buen sentido).
Yo fui una vez con la mamá y otra vez a un encuentro poético.Toda la gente que conocí me trató estupendo. Me gustó la limpieza, las flores, en especial las rosas en la avenida (que nadie rompe). Linda ciudad.

Rudolf Kastell dijo...

hermano, que bueno que te hayas dado un "descanso" y hecho ese viaje (no sabía que andabas en eso y ya me preocupaba un poco por no saber de ti). No conozco por esos lares pero supongo algún dia llegaré por allí, será lindo ver una ciudad sin perros!

Rodrigo dijo...

Tacna...
Recuerdo muchos libros baratos, y también una sandía riquísima, que comimos "a mano" en alguna de tantas ferias...
Una cosa que no viste, seguramente,
fue el terminal de buses que salen hacia el interior... dá para mucho escribir. Muy folklórico.

Rodrigo dijo...

Ah!
Y se me olvidaba decir que los "guias" locales no son muy confiables respecto a precios...
Más vale datearse antes sobre los precios delo que uno quiere hacer, son muy "zorros" estos peruanitos...

Jenofonte dijo...

Por lo general evito los lugares demasiado "folklóricos", a veces som más "folklóricos" de lo necesario.
Debo decir que no tuve ningún problema, de ningún tipo. La gente es bastante amable y tienen muchas cosas en común con nosotros, por ejemplo, reniegan de la gente de la capital, que llega con sus "malas costumbres".
Hay también cosas insólitas, ¡no conocen la palabra supermercado!, increible.

Anónimo dijo...

saludos para mi padrino requi desde aqui dela serena, que hace tiempo no lo veo. espero algun dia ener noticias. hermosso recuerdos tengo de mi visit que hace tiempo hice cuando aun estaba en chuqui.saluos a su familia.

saludoss tambien para mis primos de todo chile.

de su primo ... ivo

Anónimo dijo...

a mi igual me encanta.conocer harto.pasaria puro viajando pues hace tiempo que no lo hago desde que fui al norte de chile,menos iquique que no alcance. ese lugar nunca lo habia oido nombrar, calana.espero algun dia conocer.

su primo ivo.