Tembló mi voz al nombrarte,
ardió mi
pecho al sentirte,
pues supe en ese instante
que nunca dejé de amarte.
Y así, entre manos que tiemblan
y almas que vuelven a unirse,
juramos vivir lo hallado
y en ello, por fin, rendirnos.
Porque hay amores, bien mío,
que el tiempo no osa vencer,
y aunque el mundo se quiebre,
siempre regresan… para renacer.
pues supe en ese instante
que nunca dejé de amarte.
Y así, entre manos que tiemblan
y almas que vuelven a unirse,
juramos vivir lo hallado
y en ello, por fin, rendirnos.
Porque hay amores, bien mío,
que el tiempo no osa vencer,
y aunque el mundo se quiebre,
siempre regresan… para renacer.
(Enj-O)
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